Queridos Papá y Mamá:
Supongo que os imaginaréis el motivo de mi escritura; me he marchado con Raquel. Queremos empezar una vida lejos de todo, estábamos cansados de la monotonía de la pequeña ciudad. Nuestro sueño era empezar de cero, fuera donde fuera. No os preocupéis por mí, intentaré escribir todas las semanas.
Supongo que los delincuentes que tengo como hermanos querrán mis cosas, así que haré un pequeño reparto, y que todos estén contentos.
A Iván… Ah, sí. Hace tiempo descubrí que guardabas una pequeña colección mía de películas y CDs debajo de tu cama. Nunca te dije que te había pillado; en ese momento me sentí alagado. Puedes quedártelos todos, incluyendo los que guardé cuidadosamente en una caja en el armario. ¡Son todo tuyos! Pero cuídamelos, tendré alrededor de 500 películas, y otros tantos discos.
Carla, no creas que no me he dado cuenta de la cara de tonta que se te queda cuando pasas por delante de mi luminosa habitación. Puedes quedártela, y también los libros que adornan mis estanterías y devoras millones de veces.
Luz, sé que me vas a echar de menos. ¿Recuerdas aquel día en el que nos fuimos los dos solos al parque, y nos fotografiamos hasta que se fundió la cámara? ¿Recuerdas que te dije que había perdido el carrete y los cientos de fotos? Pues bien, mentí. Quise quedarme las fotos y guardarlas conmigo, pero decidí antes de irme que a ti te gustaría tenerlas. No creas que te las he dejado todas; me he quedado algunas para tenerlas conmigo. Están escondidas en una caja, detrás de uno de los libros de la estantería. Quiero que nunca olvides ese día, y que mires las fotos siempre que puedas.
Miguel y Lucía… Casi no he podido disfrutar de ellos. No dejéis que se olviden de su hermano mayor.
Algún día volveré a casa. Cuando mi vida con Raquel sea estable, iremos de visita. Los dos hemos cogido todos nuestros ahorros, así que, Iván, no hace falta que busques en el cerdo; está seco.
Os quiero muchísimo a todos.
Alejandro