domingo, 11 de julio de 2010

Parte II

El viaje a mi casa no fue largo, lo peor fue cuando llegamos a la puerta; a través de las ventanas pude ver que las luces estaban encendidas.
Suspiré.
- Deseadme suerte.
- Suerte - corearon Álvaro y Raúl.
- Nos vemos mañana.
- De acuerdo - dijo Raúl.
- Adiós - se despidió Álvaro, siempre con aquella sonrisa en los labios al mirarme, que tanto me gusta.
Abrí la puerta con cuidado, silenciosamente. Allí estaba, a la derecha, en el comedor. Mi madre, con los brazos cruzados. Mirándome. Con un gesto en la cara de preocupación y de enfado.
- ¡Carla! - dijo mi madre - ¿se puede saber dónde estabas?
- Con mis amigos - dije tímidamente.
- Te había dicho que vinieras al salir la luna, y te he llamado un montón de veces.
- ¿Me has llamado? - dije extrañada.

Cogí mi móvil de mi bolsillo y vi que estaba apagado.
- Oh, no. La batería - dije en un susurro.
- ¿La batería? - repitió mi madre enfadada - Eres una irresponsable, Carla, siempre te estoy diciendo que lo pongas en carga.
- Lo siento, mamá.
- ¿Qué pasa? - dijo Luz bajando las escaleras, con cara de sueño.
- No pasa nada - dijo mi madre con dulzura - siento haberte despertado. Venga, vete a dormir. Y tú - dijo dirigiéndose a mí, - deberías hacer lo mismo. Mañana hablaremos.

Mi hermana seguía en las escaleras, siempre con su osito rosa de peluche en la mano izquierda. Su larga melena marrón estaba toda revuelta y tenía los ojos entrecerrados, como si aun no se hubieran acostumbrado a la luz.

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