domingo, 11 de julio de 2010

Parte III

Subí dos escalones derecha a mi habitación. En el tercer escalón me esperaba mi hermana y la cogí en brazos para llevarla a su cama. Pesaba poco y no me costó cogerla. La metí en su cama y la acurruqué entre las sábanas.
Cuando me estaba dirigiendo a mi habitación pude observar que Alejandro aún tenía las luces de su cuarto encendidas. Me paré delante de su puerta pero sin llegar a llamar y oí que decía algo.
- Ya verás, cariño - iba diciendo Alex- va a ser fantástico.
Supuse que estaría hablando con Raquel por teléfono sobre su escapada. No me paré a hablar con él y seguí mi camino hacia mi habitación.
Busqué en mi armario una sábana, abrí la ventana y salí por ésta llegando al tejado. Esa noche era preciosa y me apetecía dormir bajo las estrellas. Estuve un rato mirándolas y pensaba que me encantaría poder coger una estrella. Aunque, para eso, tendría que saber volar. “Volar” pensaba, era algo fantástico, algo… imposible. Cerré los ojos y luego seguí mirando las maravillosas estrellas. De repente vi una pequeña cinta en el cielo, una cinta blanca que se movía hacia un lado. Era una estrella fugaz y no me lo pensé dos veces:
- Deseo…- dije en un susurro - deseo poder volar.
Aquella idea era imposible, y lo sabía, pero no perdía nada por intentarlo. Me levanté esperando a que pasara algo. Me puse de puntillas. Salté sobre el tejado. Nada. No pasó nada. Una gota finísima de mis ojos cayó al suelo. En ese mismo momento me sentí ligera, muy ligera. Miré hacia el cielo sorprendida. Cuando vi mis pies pude comprobar que ya no estaban en el tejado. Me estaba elevando, pero era imposible, no podía creérmelo. Me elevaba más y más.
- ¡¡Vuelo!! - chillé - ¡Mamá! ¡Papá! ¡Estoy volando!

Subí más, hasta que pude ver la luna enorme. “Es como un sueño” pensé. “Un sueño, un sueño, un sueño” repetía en mi cabeza.
- ¡Oh no! ¡Un sueño! - dije realmente triste.
Y mis ojos se abrieron, estaba en el tejado y el sol ya salía por el horizonte. Bajé a mi habitación algo aturdida por aquel sueño. Me acosté en mi cama sin quitar las sábanas. Todo había sido un sueño.

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