sábado, 31 de julio de 2010

Parte VII

- Carla, hija – dijo mi madre desde la planta baja – Ya estamos aquí.
“¡Oh, no!”Pensé “que inoportuna”.
Álvaro cerró los ojos con fuerza, suspiró y bajó la cabeza.

- Hola, cariño – dijo mi madre entrando por la puerta – Oh, Álvaro ¿Cómo estás?, hace tiempo que no te veo por aquí.
- Muy bien, Julia, gracias – respondió Álvaro muy cortés - ¿Y vosotros? ¿Como está Juan?
- Pues ahora mucho mejor, gracias por preguntar. Bueno, voy a bajar para prepararle la merienda a Luz – Dijo dirigiéndose a los dos.
Agradecí que mi madre se fuera. En ese momento solo quería estar con Álvaro.
- Creo que voy a tener que irme – Dijo Álvaro.
- De acuerdo – le dije.
- Pero antes, me gustaría pedirte… bueno ya sabes, si quieres y no tienes nada que hacer, me gustaría que… - Su voz temblaba y su cara estaba colorada e imaginaba que la mía también estaría así – Que salieras conmigo… algún día – Pudo decir al fin.
- Pues claro, me encantaría – le dije con una sonrisa.

Él me sonrió aliviado.
- Mañana tengo entrenamiento y el sábado y el domingo voy a ir con mi familia a pescar… ¿Qué te parece el lunes? – me preguntó más tranquilo.
- El lunes me viene perfecto.
Álvaro volvió a sonreírme. Yo le devolví la sonrisa.
- Bueno, tengo que irme - Me dijo Álvaro.
Y lo abracé. Él me devolvió el abrazo de buena gana, aunque parecía igual de sorprendido que yo por mi reacción. Muy pocas veces le había abrazado, solo en situaciones de reencuentros o que algunos de los dos necesitábamos un abrazo por nuestro estado de ánimo.

- Adiós – dije sin más cuando me separé de él.
- Adiós – respondió tímidamente, aunque, en su cara, se reflejaba felicidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario