sábado, 31 de julio de 2010

Parte XI

Por la mañana me levanté a la fuerza; no quería ver a Álvaro.
En clase no lo miré en ningún momento, ni él me miró a mí. Todo fue muy extraño. Pasé los recreos con Raúl y, en ningún momento vi a Álvaro. Pensé que me estaría evitando.

Aquel día no comí nada. Pasé el resto de la tarde en mi habitación, intentando concentrarme para el examen de ciencias sociales para el viernes. Después de varias miradas al vacío, unas tantas de miles de vueltas al lápiz, y un par de vistazos a la pantalla del móvil, me tumbé en mi cama y me puse un cojín encima de la cabeza.
Mi hermana entró por la puerta.
- ¿Carla? – preguntó Luz.
- ¿Qué quieres? – le dije cansada.
- Que me digas qué te pasa.
- ¿Te acuerdas de Álvaro? – le dije quitándome el cojín de la cabeza.
Ella asintió.
- Pues ya no es mi amigo – le dije con amargura.
- ¿Por qué? – preguntó algo triste. Mi hermana siempre se había llevado bien con él.
- Ha habido una confusión.
- ¿Y por qué no se lo explicas?
- Porque no quiere escucharme – le dije ya llorando.
- Si puedo hacer algo por ti me llamas, ¿vale?, yo estaré en mi habitación.
- De acuerdo, muchas gracias, Luz.
Ella me sonrió y salió por la puerta.
Mi hermana siempre había sido así; sufría más por los demás que por ella misma.
Hoy me apetecía ver las estrellas y fui directa a la terraza.
Ya sentada en la hamaca me acurruqué cogiendo ambas piernas con los brazos. Por las noches hacía mucho frío y respiraba entrecortadamente. Poco después puede observar una figura acercándose a mí. “No puede ser él” pensé “imposible”.
¿Imposible o no?

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