sábado, 31 de julio de 2010

Parte X

Estuve toda la tarde llamándolo por teléfono, pero ninguna de esas veces me lo cogió.
Me acosté en el sofá, cerrando los ojos y con el teléfono en la mano, deseando que me llamase. Pero no lo hizo.
- Carla – me dijo mi madre entrando por la puerta - ya estamos aquí, ¿se han portado bien los mellizos?
- Si, muy bien – dije aun en el sofá y sin levantar la cabeza.
- ¿Estás bien? – me dijo mi madre al oír mi tono de voz, de tristeza.
- Si, mamá – le dije levantándome del sofá y corriendo hacia la terraza – ¡Estoy muy bien! – dije irónicamente.

Me senté en la hamaca de la terraza y me quedé mirando las estrellas. Mi padre estaba entrando y se quedó al lado mío, sin sentarse en la hamaca, ya que él estaba en silla de ruedas.
- ¿Qué te pasa? - me preguntó.
- Álvaro se ha enfadado conmigo – dije sin más.
- ¿Por qué?
- No lo sé – Contesté. No quería decirle nada.
Nos quedamos contemplando las estrellas. “Ojala mi padre no hubiera tenido nunca el accidente”, pensé. ”Todo hubiera sido mucho más fácil, mi madre hoy podía haber cuidado de los mellizos y yo podría haber salido con Álvaro”.
- Mira – me dijo mi padre señalando con el dedo al cielo – una estrella fugaz.
Suspiré.
- Pide un deseo – me susurró mi padre.
Yo ya tenía claro lo que pedir y pensé: “Deseo que mi padre nunca hubiera tenido aquel accidente”.
Esta vez no pasó nada, ni siquiera un sueño.

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