Todo estaba yendo genial. Cuidar de mis hermanos no era difícil, además, Álvaro sabía como hacer que me lo pasara bien.
Estábamos en la habitación de los mellizos y Álvaro jugueteaba con Miguel lanzándolo al aire mientras yo le leía un cuento a Lucía.
- Cuidado - le dije sonriendo a Álvaro mientras él lanzaba a Miguel al aire.
- Tranquila - me dijo con aquella sonrisa suya – Mira a Miguel, se lo pasa genial conmigo.
Miguel reía a carcajadas y Álvaro también parecía divertirse.
- Esto tenemos que repetirlo – le dije mientras metía a Lucía en la cuna.
- ¿De verdad? – me preguntó extrañado mientras él hacía lo mismo con Miguel - ¿Quieres volver a quedar conmigo?
- Claro, ¿Por qué no?
Él se quedó un tiempo mirándome fijamente a los ojos, y luego se rió. Yo reí a su vez. No sabía por qué se reía, ni sabía por qué me reía yo, pero allí estábamos los dos, riéndonos sin saber por qué.
Cuando paramos de reír se acercó más a mí, mucho más.
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