domingo, 11 de julio de 2010

Parte I

La luna había salido hace un par de horas y mi madre me había dicho que me recogiera cuando esto sucediera, pero nunca le hago caso, nunca. Desde que ocurrió el accidente de papá, mamá es mucho más protectora, está más pendiente de mí y de mis hermanos. Afortunadamente, el coche en el que iba papá solo dio dos vueltas de campana, pero, aquel desgraciado borracho que llevaba su coche en dirección contraria lo dejó en silla de ruedas.
Todo cambió mucho desde aquel día: mis notas han bajado; yo antes era una alumna de sobresaliente y ahora me cuesta llegar al aprobado. Mi hermano mayor, Alejandro, amenaza con irse de casa con su novia, Raquel, y con que no vamos a volver a verlo en la vida. Y, para colmo, Iván, que tiene un año más que yo, está siguiendo su ejemplo. Sin duda, la que más está sufriendo es mi hermana Luz; apenas come y no presta atención en clase, está siempre triste y eso que sólo tiene seis años. Los mellizos, al tener dos años, disponen de toda la energía del mundo, pero de Lucía, que es más fácil controlarla, se encarga papá. En cambio, mamá se ocupa del bestia de Miguel.


Álvaro y yo estábamos sentados en un banco bajo una farola encendida mientras Raúl nos entretenía con sus tonterías. No había nadie por la calle, pero eso a mis amigos no parecía importarle.
- Debería irme ya - dije - mi madre tiene que estar histérica.
- Vamos Carla - se quejó Raúl - no te vayas aún.
- Mi madre se enfadará mucho.
- Tiene razón, Raúl- intervino Álvaro- y deberíamos acompañarla.

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